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Infantes de Marina que sobrevivieron al incidente con pobladores en El Estor, Izabal relatan como sucedieron los hechos

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GUATEMALA | Momentos de tensión, angustia y dolor fue lo que vivieron un grupo de militares infantes de la Marina del Ejército de Guatemala el pasado martes en el municipio de El Estor, Izabal que dejo a tres efectivos fallecidos, tres desaparecidos y los tres elementos que resultaron heridos, relataron lo que vivieron por varias horas.

Según comentaron los dos sobrevivientes, un grupo armado disparó contra la patrulla que estaba conformada por nueve soldados en la comunidad de la Aldea Semuy II.

“Jamás olvidare en mi vida lo que viví en ese momento”, dijo Edgar Domingo Caal, infante de primera, quien vivió para contar lo sucedido el 2 de septiembre pasado. “Los soldados no merecían morir de esa manera”, agrego Caal.

Acostado de una cama en el Hospital Militar, el Infante de primera dijo que ellos habían corrido entre el monte para esconderse y salvar sus vidas.

“Vivimos las horas más dolorosas de nuestras vidas, tuvimos que pasar 72 horas dentro de la selva, sin comer nada y tomando agua con lodo para tener fuerzas y poder escapar de un grupo armado que nos perseguía”, puntualizó Caal.

El objetivo del operativo de los elementos de Marina del Ejército era buscar una pista de aterrizaje clandestina que es usada para el trasiego de drogas por narcotraficantes en el sector, momento en que pobladores de la comunidad preguntaron qué hacían en el lugar, según aseguro Denis Alberto Xo Bolom, infante de marina sobreviviente.

“Estábamos hablando con la gente cuando salió un grupo armado. Me dispararon con una escopeta y un fusil. Me hirieron en la espalda, la cabeza y los brazos. Salimos corriendo pero nos persiguieron. Nos dispararon por la espalda”, afirmó.

Otro Marinero que sobrevivió al ataque, indico que los hombres armados sin mediar palabra le dispararon con escopeta al sargento Isaías Caal, ese fue el primer disparo que hubo en el incidente, dijo Erwin Coy Méndez.

“Yo estaba atendiendo a una señora herida cuando me empezaron a disparar. Yo corrí y el entrenamiento me sirvió para escapar”, dijo Coy.

Después se escondió en la montaña y esperó el anochecer para caminar hacia un poblado cercano. Cuando estaba sólo, en la oscuridad, pensó en su esposa y sus hijos, eso le dio fuerza para salir del lugar.

“Caminé siete horas y media. Pensé que no volvería a ver a mi esposa e hijos. Sentí un gran alivio cuando me rescataron. Nosotros estamos para ayudar al pueblo”, subrayó mientras se recuperaba en una cama del nosocomio.

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